jueves, 19 de diciembre de 2013

Lapicida, -ae

                                                   
Es la persona encargada de realizar los trabajos de inscripción de un texto  de un ara, una estela, epitafio, tablilla…etc. Estas inscripciones eran cargadas  por un dedicante que  buscaba  honrar, recordar a un familiar o conocido o cumplir una promesa hecha a un dios o diosa. En algunos casos este trabajo no era realizado por el lapicida si no que se lo encargaba a sus trabajadores de origen esclavo en la mayoría de los casos. El lapicida se encargaba de hablar con los clientes y apuntar los detalles de cómo debía ser la inscripción y que debía poner. Y después es pasado a los trabajadores que estaban a su cargo que realizaban el trabajo más duro. Esto podía ocasionar errores ya que no es la misma  persona la que apunta el texto a la que inserta las letras. 
Otro aspecto interesante es el propio conocimiento del latín, es decir,  su correcta utilización o no,  nos da el conocimiento de saber si estamos en  una zona latinizada o no. A veces no tiene que ver si el lapicida conoce perfectamente el latín que en la mayoría de los casos sabe leerlo y escribirlo perfectamente, son sus trabajadores los que a veces no entienden bien el latín y cometen errores confundiendo las palabras o las abreviaturas.
Otro  de los errores comunes es que a la hora de trasladar el texto a la piedra o el mármol no se ha delimitado bien el espacio que ocupara cada letra y a veces ocurre que hay líneas con palabras de mayor tamaño que otras. Pero también otras veces aparecen las letras dentro de otras o por encima de las letras con un tamaño mucho menor.

En la Edad Media los trabajos de la piedra eran realizados por hombres libres que debían estar dentro de gremios, era una medida para poder dar sus servicios a la nobleza y el clero. Estos dos grupos sociales utilizaban este oficio para evitar impuestos y para la absolución de los  pecados.
Una de las funciones que realizaban estos hombres libres era el Famuli que era el cantero general y que utilizaban aprendices que no necesitaban ningún conocimiento previo. La  creación de estos gremios o logias permitía tener un mayor conocimiento de los lapicidas y además la diferenciación entre un gremio y otro fijándonos en los elementos y marcas que utilizaban.  Cada nuevo miembro en una logia se le aporta un signo lapidario que sería su rasgo distintivo y personal y que además permite saber que inscripciones han sido hechas por él. Cuando su rango era superior, es decir, cuando se convierte en Maestro su signo lapidario se modificara y difiere en cada caso. Los herederos de este oficio, los hijos de los lapicidas  heredan también el signo lapidario del padre al que modifican pero más bien en un pequeño detalle.

Se tiene conocimiento de talleres lapicidas en Roma y que estaban incompletas. En este periodo de tiempo se conoce al lapicida que con el hacha o escalpelo trabaja los diferentes materiales de la inscripción y el quadratarius que su función era la dejar preparado el campo epigráfico con las marcas en el espacio donde se colocarían las letras y también en los márgenes.





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