Es la
persona encargada de realizar los trabajos de inscripción de un texto de un ara, una estela, epitafio, tablilla…etc.
Estas inscripciones eran cargadas por un
dedicante que buscaba honrar, recordar a un familiar o conocido o
cumplir una promesa hecha a un dios o diosa. En algunos casos este trabajo no
era realizado por el lapicida si no que se lo encargaba a sus trabajadores de
origen esclavo en la mayoría de los casos. El lapicida se encargaba de hablar
con los clientes y apuntar los detalles de cómo debía ser la inscripción y que
debía poner. Y después es pasado a los trabajadores que
estaban a su cargo que realizaban el trabajo más duro. Esto podía ocasionar
errores ya que no es la misma persona la
que apunta el texto a la que inserta las letras.
Otro
aspecto interesante es el propio conocimiento del latín, es decir, su correcta utilización o no, nos da el conocimiento de saber si estamos
en una zona latinizada o no. A veces no
tiene que ver si el lapicida conoce perfectamente el latín que en la mayoría de
los casos sabe leerlo y escribirlo perfectamente, son sus trabajadores los que
a veces no entienden bien el latín y cometen errores confundiendo las palabras
o las abreviaturas.
Otro de los errores comunes es que a la hora de
trasladar el texto a la piedra o el mármol no se ha delimitado bien el espacio
que ocupara cada letra y a veces ocurre que hay líneas con palabras de mayor
tamaño que otras. Pero también otras veces aparecen las letras dentro de otras
o por encima de las letras con un tamaño mucho menor.
En la Edad
Media los trabajos de la piedra eran realizados por hombres libres que debían
estar dentro de gremios, era una medida para poder dar sus servicios a la
nobleza y el clero. Estos dos grupos sociales utilizaban este oficio para
evitar impuestos y para la absolución de los pecados.
Una de las
funciones que realizaban estos hombres libres era el Famuli que era el cantero
general y que utilizaban aprendices que no necesitaban ningún conocimiento
previo. La creación de estos gremios o
logias permitía tener un mayor conocimiento de los lapicidas y además la
diferenciación entre un gremio y otro fijándonos en los elementos y marcas que
utilizaban. Cada nuevo miembro en una
logia se le aporta un signo lapidario que sería su rasgo distintivo y personal
y que además permite saber que inscripciones han sido hechas por él. Cuando su
rango era superior, es decir, cuando se convierte en Maestro su signo lapidario
se modificara y difiere en cada caso. Los herederos de este oficio, los hijos
de los lapicidas heredan también el
signo lapidario del padre al que modifican pero más bien en un pequeño detalle.
Se tiene
conocimiento de talleres lapicidas en Roma y que estaban incompletas. En este
periodo de tiempo se conoce al lapicida que con el hacha o escalpelo trabaja
los diferentes materiales de la inscripción y el quadratarius que su función
era la dejar preparado el campo epigráfico con las marcas en el espacio donde
se colocarían las letras y también en los márgenes.


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